Espigas en perros: el peligro silencioso de la primavera y el verano

Con la llegada de la primavera y el verano, los paseos con nuestros perros suelen hacerse más largos, más agradables y más frecuentes. Apetece salir al campo, caminar por zonas verdes, dejar que olfateen tranquilos y disfrutar un poco más del aire libre.

Pero en esta época también aparece un pequeño peligro que muchas veces pasa desapercibido: las espigas.

A simple vista pueden parecer inofensivas. Son esas semillas secas, alargadas y puntiagudas que encontramos en hierbas altas, caminos, descampados, cunetas o zonas de campo. Sin embargo, para los perros pueden convertirse en un problema serio, porque se enganchan con facilidad al pelo y pueden clavarse en distintas partes del cuerpo.

Lo más delicado es que, por su forma, las espigas no siempre se quedan en la superficie. A veces avanzan hacia dentro, provocando molestias, heridas, infecciones o lesiones que necesitan atención veterinaria.

Por eso es tan importante saber reconocerlas, revisar bien a nuestro perro después del paseo y actuar rápido si notamos algo extraño.

¿Por qué son peligrosas las espigas para los perros?

Las espigas tienen una forma muy particular: son alargadas, rígidas y terminan en punta. Además, muchas tienen pequeñas “barbas” o fibras que hacen que se enganchen al pelo y avancen en una sola dirección.

Esto significa que, una vez que se clavan, pueden ir introduciéndose cada vez más.

El problema no es solo que molesten. El riesgo está en que pueden entrar en zonas sensibles como las orejas, la nariz, los ojos, las patas o incluso atravesar la piel.

Por eso, aunque parezcan pequeñas, no conviene tomarlas a la ligera.

Dónde suelen clavarse las espigas

Las espigas pueden engancharse en cualquier parte del cuerpo, pero hay zonas donde aparecen con más frecuencia.

Entre los dedos y las almohadillas

Es una de las localizaciones más habituales. El perro pisa zonas con hierba seca, la espiga se engancha entre los dedos o junto a la almohadilla y empieza a clavarse.

A veces se ve a simple vista, pero otras queda escondida entre el pelo o bajo la piel.

Puedes sospechar si tu perro:

  • Cojea de repente.
  • Se lame mucho una pata.
  • Se muerde entre los dedos.
  • Tiene la zona roja o inflamada.
  • No quiere apoyar bien una extremidad.

En perros con mucho pelo entre las almohadillas puede ser más difícil detectarlas, por eso conviene revisar con calma.

En los oídos

Las orejas son otra zona muy delicada, sobre todo en perros con orejas caídas o con mucho pelo alrededor.

Cuando una espiga entra en el oído, suele provocar molestias bastante evidentes. El perro puede sacudir la cabeza de forma repetida, rascarse una oreja, llevar la cabeza ladeada o mostrarse incómodo cuando intentamos tocarle.

En estos casos no conviene intentar sacar la espiga sin ver bien dónde está. Podemos empujarla más hacia dentro o hacer daño. Lo más prudente es acudir al veterinario.

En la nariz

Cuando una espiga entra por la nariz, el perro suele reaccionar de forma bastante brusca.

Puede empezar a estornudar muchas veces seguidas, frotarse el hocico con las patas o contra el suelo, mostrarse nervioso o incluso expulsar algo de sangre por la nariz.

Este tipo de situación suele asustar bastante, y con razón. Si sospechas que tu perro puede tener una espiga en la nariz, lo mejor es acudir al veterinario cuanto antes.

En los ojos

Las espigas también pueden quedarse atrapadas cerca de los ojos o bajo los párpados.

En ese caso, el perro puede cerrar un ojo, lagrimear, frotarse la cara, tener enrojecimiento o mostrarse muy molesto con la luz.

Los ojos son especialmente sensibles, así que no conviene manipular la zona en casa más de lo necesario. Si ves una molestia clara o sospechas que puede haber una espiga, es mejor que lo valore un profesional.

En la piel o el pelo

A veces las espigas se quedan enredadas en el pelo y no llegan a clavarse. En ese caso, si las detectamos a tiempo, podemos retirarlas sin problema.

El riesgo aparece cuando pasan desapercibidas, especialmente en perros de pelo largo, rizado o denso. Pueden quedarse escondidas en axilas, ingles, barriga, cuello o detrás de las orejas.

Con el movimiento, pueden ir clavándose poco a poco.

Señales de alerta después del paseo

Después de un paseo por zonas con hierba seca, campo o descampados, conviene observar a nuestro perro. Algunas señales pueden indicar que algo no va bien:

  • Cojera repentina.
  • Lamido insistente de una pata.
  • Sacudidas de cabeza.
  • Rascado fuerte de una oreja.
  • Estornudos continuos.
  • Sangrado por la nariz.
  • Ojo cerrado o muy lloroso.
  • Bultito, inflamación o herida en la piel.
  • Nerviosismo o incomodidad sin causa aparente.

Una señal aislada no siempre significa que haya una espiga, pero en primavera y verano merece la pena sospechar, sobre todo si el paseo ha sido por zonas con vegetación seca.

Qué hacer si crees que tu perro tiene una espiga

Lo primero es mantener la calma y revisar con cuidado.

Si la espiga está superficial, visible y no está clavada en una zona delicada, puedes retirarla suavemente con la mano o con unas pinzas limpias.

Pero si está dentro del oído, en la nariz, en el ojo, muy clavada en la piel o tu perro muestra dolor, lo mejor es no manipularla.

En esos casos, acudir al veterinario es la opción más segura.

También es importante no esperar “a ver si se le pasa” cuando hay síntomas claros. Las espigas pueden avanzar, generar infección o complicar una lesión que al principio parecía pequeña.

Cómo prevenir problemas con las espigas

No siempre se pueden evitar al 100%, pero sí podemos reducir mucho el riesgo con algunas medidas sencillas.

Revisa a tu perro al volver del paseo

Es el hábito más importante. Después de caminar por zonas con hierba alta o seca, dedica unos minutos a revisar:

  • Patas y almohadillas.
  • Entre los dedos.
  • Orejas.
  • Ojos.
  • Hocico.
  • Axilas.
  • Ingles.
  • Barriga.
  • Cola y zona trasera.

No hace falta convertirlo en una exploración complicada. Simplemente observa, toca con suavidad y separa el pelo en las zonas más propensas.

Evita zonas con hierba seca alta

En primavera y verano, muchas zonas de campo, solares, cunetas o caminos se llenan de espigas secas.

Si puedes elegir, intenta pasear por caminos más limpios, zonas verdes cuidadas o áreas donde la vegetación no esté tan alta.

Esto es especialmente recomendable si tu perro es de pelo largo, orejas caídas o tiene tendencia a meterse entre hierbas y matorrales.

Mantén el pelo bien cuidado

En perros de pelo largo o muy denso, el cepillado ayuda mucho a detectar cuerpos extraños.

También puede ser útil mantener más despejada la zona de las almohadillas, siempre con cuidado y, si es necesario, con ayuda de un profesional de peluquería canina.

El objetivo no es rapar al perro sin sentido, sino evitar que las espigas se escondan fácilmente en zonas delicadas.

Observa cambios de comportamiento

A veces el perro no “nos dice” claramente lo que le pasa, pero su comportamiento cambia.

Si después de un paseo empieza a cojear, se lame mucho, está inquieto, no deja de sacudir la cabeza o parece molesto, conviene revisar.

Los perros suelen insistir mucho en la zona donde sienten dolor o incomodidad.

Perros con más riesgo

Cualquier perro puede tener problemas con las espigas, pero algunos tienen más facilidad para que se les enganchen o pasen desapercibidas:

  • Perros de pelo largo.
  • Perros con pelo rizado o muy denso.
  • Perros con orejas caídas.
  • Perros pequeños que rozan más con hierbas altas.
  • Perros muy exploradores que meten el hocico en matorrales.
  • Perros que pasean con frecuencia por campo, descampados o caminos secos.

En estos casos, la revisión después del paseo debería convertirse casi en una rutina.

Un pequeño gesto que puede evitar un problema grande

Las espigas son uno de esos peligros de temporada que muchas veces no vemos venir. No hacen ruido, no llaman la atención y pueden parecer una simple molestia del campo.

Pero cuando se clavan, pueden causar bastante dolor y requerir atención veterinaria.

Por eso, en primavera y verano, conviene estar un poco más atentos. Revisar patas, orejas, ojos y hocico después del paseo apenas lleva unos minutos y puede evitar un problema mayor.

Nuestros perros disfrutan muchísimo del aire libre, de los olores y de los paseos en la naturaleza. No se trata de vivir con miedo, sino de acompañarles con cuidado, prevención y sentido común.

Porque muchas veces, cuidar bien de ellos empieza precisamente ahí: en esos pequeños detalles que hacemos al volver a casa.

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